Qué conviene definir antes de empezar un proyecto web

Renovar una página web suele empezar por cuestiones visibles: qué diseño tendrá, qué secciones serán necesarias o cuánto costará desarrollarla. Sin embargo, muchas de las decisiones que más condicionan el resultado deberían tomarse antes de abrir Figma o escribir una sola línea de código.

Definir correctamente los objetivos, los contenidos, las responsabilidades y la forma de trabajar evita buena parte de los problemas que aparecen más adelante.

También conviene decidir qué tipo de colaboración necesita realmente el proyecto. Algunas empresas requieren un equipo multidisciplinar que pueda asumir estrategia, diseño, desarrollo, SEO y marketing; otras ya cuentan con varias de esas capacidades internamente y necesitan principalmente un especialista concreto. En estos últimos casos, trabajar directamente con un diseñador web freelance en Barcelona puede ser una alternativa especialmente práctica cuando se busca una interlocución directa durante las fases de diseño y desarrollo.

La cuestión importante no es elegir un modelo determinado, sino saber qué necesita exactamente el proyecto antes de buscar quién lo ejecutará.

Definir qué debe conseguir la nueva web

“Necesitamos una web nueva” no es todavía un objetivo.

Conviene concretar qué debería mejorar respecto a la situación actual.

Puede tratarse de aumentar las solicitudes comerciales, explicar mejor servicios complejos, facilitar el trabajo del equipo de ventas, posicionarse en nuevas búsquedas, abrir mercados internacionales, vender directamente online o simplemente actualizar una presencia digital que ya no representa correctamente a la empresa.

La respuesta condiciona prácticamente todo lo demás.

Una web orientada a generar oportunidades comerciales necesita una arquitectura diferente de una destinada principalmente a presentar proyectos. Del mismo modo, un ecommerce requiere unas prioridades muy distintas a las de una página corporativa.

Cuanto más claros sean los objetivos iniciales, más sencillo será tomar decisiones durante el proyecto.

Saber quién va a utilizar la web

Otra pregunta aparentemente sencilla es quién constituye realmente el público.

En empresas B2B, por ejemplo, pueden visitar la misma web perfiles completamente diferentes: responsables de compras, técnicos, departamentos de marketing, distribuidores, posibles empleados o clientes actuales.

Cada uno busca información distinta.

Intentar explicar todo al mismo tiempo suele producir páginas llenas de mensajes pero poco claras. Una buena arquitectura permite establecer prioridades y conducir a cada perfil hacia la información que necesita.

Esto también afecta al lenguaje.

Las empresas acostumbran a utilizar internamente términos que sus potenciales clientes quizá nunca escribirían en Google ni utilizarían al explicar su problema.

El contenido debería construirse desde el punto de vista del usuario, no únicamente desde la estructura interna de la organización.

Preparar el contenido antes de que se convierta en un cuello de botella

Uno de los motivos más habituales por los que un proyecto web se retrasa no tiene relación con el desarrollo.

Es el contenido.

Textos pendientes, fotografías que todavía no existen, fichas de producto incompletas o traducciones que llegan durante las últimas semanas pueden paralizar una web que técnicamente ya está terminada.

Por eso resulta útil identificar estos materiales desde el principio.

No necesariamente tienen que estar completamente redactados antes de empezar a diseñar, pero sí debería conocerse qué información habrá en cada página y quién será responsable de prepararla.

Diseñar sobre contenido real también suele producir mejores resultados que utilizar bloques genéricos y sustituirlos posteriormente.

Pensar el SEO desde la arquitectura inicial

El posicionamiento tampoco debería aparecer únicamente al final del proyecto.

La estructura de páginas, las URLs, los encabezados, el enlazado interno o la relación entre servicios y ubicaciones forman parte de la propia arquitectura de la web.

Modificar estos elementos cuando todo está terminado puede implicar rehacer una parte importante del trabajo.

Antes de diseñar conviene saber qué servicios tienen prioridad, qué búsquedas realizan los potenciales clientes y qué páginas deberían responder a cada intención.

No significa convertir cada página en un texto escrito exclusivamente para Google.

Significa conseguir que la estructura del negocio y la forma en que los usuarios buscan sus servicios tengan cierta correspondencia.

Diseñar pensando también en lo que ocurrirá después

Una web no termina el día en que se publica.

Probablemente aparecerán nuevos servicios, nuevos proyectos, campañas, contenidos, mercados o necesidades que inicialmente no estaban previstas.

Una buena arquitectura debería facilitar esa evolución.

Cuando cada nueva landing requiere modificar plantillas manualmente o llamar al desarrollador para cambiar información básica, el problema suele encontrarse en cómo se planteó originalmente el sistema.

Por eso también conviene definir qué partes de la web deberá poder gestionar internamente el cliente.

En gestores como WordPress es posible crear estructuras suficientemente flexibles para que el equipo pueda modificar contenidos sin asumir riesgos sobre el diseño o el funcionamiento general de la página.

Aclarar responsabilidades desde el principio

Los proyectos digitales implican muchas pequeñas decisiones.

Quién redacta los textos, quién prepara las fotografías, quién valida el diseño, quién configura la analítica, quién introduce los contenidos o quién revisa las traducciones son cuestiones que parecen secundarias hasta que nadie sabe quién debe encargarse de ellas.

Definir responsables evita bloqueos.

También resulta especialmente importante que dentro de la empresa exista una persona capaz de centralizar las decisiones.

Cuando diferentes departamentos envían cambios de forma independiente, el proyecto puede convertirse rápidamente en una sucesión de revisiones contradictorias.

Un proceso claro de validación ahorra tiempo tanto al cliente como al proveedor.

Decidir cómo se medirá el resultado

Una web puede publicarse sin errores y aun así no cumplir sus objetivos.

Por eso conviene pensar antes del lanzamiento qué indicadores permitirán valorar su funcionamiento.

En una web comercial podrían ser formularios enviados, llamadas, solicitudes de presupuesto o reuniones generadas.

En otros casos puede interesar medir búsquedas orgánicas, descargas de documentación, interacciones con determinados productos o utilización de herramientas concretas.

Configurar correctamente la analítica desde el principio permite disponer posteriormente de información mucho más útil que limitarse a comprobar cuántas visitas recibe una página.

La velocidad y la parte técnica también cuentan

Diseño y contenido concentran buena parte de la atención durante un proyecto, pero existe una capa técnica que influye directamente en la experiencia.

Imágenes demasiado pesadas, una mala configuración de caché, scripts innecesarios o dependencias excesivas pueden deteriorar rápidamente el rendimiento.

Esto resulta especialmente relevante en móvil.

Una web debería probarse en dispositivos reales y en diferentes tamaños de pantalla, no únicamente desde el navegador utilizado durante el desarrollo.

También es recomendable comprobar formularios, integraciones, etiquetado analítico y comportamiento de los elementos interactivos antes de publicar.

Elegir el equipo después de definir el proyecto

Solo cuando estas cuestiones están razonablemente claras resulta sencillo decidir qué tipo de proveedor necesita la empresa.

Un proyecto amplio puede requerir una agencia capaz de coordinar estrategia, creatividad, desarrollo, contenidos, SEO y campañas.

Otro puede estar liderado internamente y necesitar únicamente trabajar con un diseñador web freelance para determinadas fases.

También son habituales los modelos híbridos, donde el departamento del cliente, una agencia y diferentes profesionales externos colaboran dentro del mismo proyecto.

La estructura concreta importa menos que la claridad de las responsabilidades y la experiencia de las personas implicadas.

Empezar bien reduce problemas después

Una nueva web supone muchas decisiones, pero no todas deberían tomarse al mismo tiempo.

Definir primero los objetivos, los usuarios, los contenidos, la arquitectura, las responsabilidades y la evolución prevista permite que diseño y desarrollo comiencen sobre una base mucho más sólida.

El resultado no solo suele ser una web mejor resuelta.

También es un proyecto más previsible, con menos cambios inesperados y una herramienta digital que puede seguir creciendo junto al negocio.

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